«Y yo siempre intentando entender cosas que tienen que ver con el ser…/ Sigo el camino y con mi ego ya veré… cómo lo haré. Me voy… de aquí… me vooooooooy», cantamos junto a la Bandini durante una excursión (al bajar del coche, campo segado, y de repente: una carballeira fresca y espesa, un claro y un pino enorme en el centro; en el suelo, una rama con las hojas secas, pero intactas. PERO INTACTAS).
En las notas del móvil:
Intentando vivir de manera tranquila (recordándome ese derecho que se nos escapa; lográndolo por momentos, algunas mañanas, café y lectura y libreta en mano; algunas tardes de siesta en el sofá; otras escalando en algún rincón sin demasiada presión y con las expectativas justas).
sintiéndome afortunada, agradecida y muy consciente de mi suerte por tener este mar fresquito al lado (acostumbrándome a que forme parte del paisaje pero sin soltar la sorpresa de que esté ahí, lleno de azules, con su horizonte claro y constante)
aún sin saber si quiero seguir contando cosas por aquí (por el internet) o qué contar (intentando aceptar que no tengo por qué tener la respuesta, que hay asuntos que tienen claroscuros). Aceptando (recordando, entendiendo) que ni siquiera nosotras mismas somos las mismas todo el tiempo, por lo que no necesitamos ni podemos dar la misma respuesta todo el tiempo (casi siempre que quiero aparecer en redes estoy ovulando).
agarrada como lapa a las carnes de las personas que están aquí y quiero muchísimo (arrejuntando todas las piernas en el sofá para ver una peli, dándonos besos de sal, preparando unas pizzas, volviendo a nuestras fotos de adolescentes, posando caricias en la pierna del que hace de copiloto).
y más cosas (aceptando que no tengo que abarcarlo todo ni contemplarlo todo todo el tiempo. Intentando salir del bloqueo por saturación de ideas y matices)
Agosto es un mes muy otoñal.
