Hombres necios que acusáis

Poema de Sor Juana Inés de la Cruz recogido en el libro “The Pengium Book of Spanish Verse” (edición de 1966).


Hombres necios que acusáis
a la mujer sin razón

sin ver que sois la ocasión
de lo mismo que culpáis
;

si con ansia sin igual
solicitáis su desdén,
¿por qué queréis que obren bien
si las incitáis al mal?

Combatís su resistencia
y luego, con gravedad,
decís que fue liviandad
lo que hizo la diligencia.

Parecer quiere el denuedo
de vuestro parecer loco,
al niño que pone el coco,
y luego le tiene miedo.

Queréis con presunción necia,
hallar a la que buscáis,
para pretendida, Thais,
y en la posesión, Lucrecia.

¿Qué humor puede ser más raro
que el que, falto de consejo,
él mismo empaña el espejo
y siente que no esté claro?

Con el favor y el desdén
tenéis condición igual,

quejándoos, si os tratan mal,
burlándoos, si os quieren bien.

Opinión ninguna gana;
pues la que más se recata,
si no os admite, es ingrata,
y si os admite, es liviana.

Siempre tan necios andáis
que, con desigual nivel,
a una culpáis por cruel,
y otra por fácil culpáis.

¿Pues cómo ha de estar templada
la que vuestro amor pretende,
si la que es ingrata ofende,
y la que es fácil enfada?

Mas entre el enfado y pena
que vuestro gusto refiere,
bien haya la que no os quiere
y quejaos en hora buena.

Dan vuestras amantes penas
a sus libertades alas,
y después de hacerlas malas
las queréis hallar muy buenas.

¿Cuál mayor culpa ha tenido
en una pasión errada,
la que cae de rogada,
o el que ruega de caído?

¿O cuál es más de culpar,
aunque cualquiera mal haga:
la que peca por la paga
o el que paga por pecar?

Pues ¿para qué os espantáis
de la culpa que tenéis?
Queredlas cual las hacéis
o hacedlas cual las buscáis.

Dejad de solicitar,
y después, con más razón,
acusaréis la afición
de la que os fuere a rogar.

Bien con muchas armas fundo
que lidia vuestra arrogancia,
pues en promesa e instancia
juntáis diablo, carne y mundo.

Mi corazón, vacíalo de Ti

Versos de Emily Dickinson en “Poemas a la muerte”.


Mi Corazón, vacíalo de Ti —
su sola Arteria —
Comienza, y deja allí tan solo —
la Fecha de Extinción —

Innumerables Ondas tiene el Mar —
forman — un Báltico —
Retírate a Ti mismo, por jugar,
y no quedará nada
de mí — para guardarme —

“Yo” significa “Tú” —

Cancela la Raíz — y no habrá Árbol —
Cancélate de Mí — y no habrá — Yo —

Los Cielos quedarán desnudos —
y vaciada la bolsa de la Eternidad —

De certo, a vida ía en serio

Poema de Xela Arias en “Intempériome” (y unas palabras suyas)


De certo, a vida ía en serio.

Por iso morrer non conta
números.

Eras moza,
cómplice nunha derrota que non
sumabas
. Feliz por terte insomne
por inmortal.

Xa temos cadáveres amigos
e coñecidos,
sabemos da morte o legado inútil.

Pero que ridículo!, non?,
abrazar o feito feliz de xa medrar
—camiñar ás aforas—
en tempos asepticamente tan
Alienados.


//

«Que soy conscientísima de que utilizar una lengua minoritaria me cierra puertas: que eso no me hará cambiar de idioma».

[…]

«Escribo en galego porque estou aquí e, desde logo, Galicia pertenece, aínda, aos derrotados.

Son irregular, a miña vida tamén o é; no maremoto dos esforzos inútiles ás veces entrégome docilmente á toxicidade. Na poesía, coma na vida, non comprendo a ordenada sistematización; elixo unha sorte de anarquía».

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Heme aquí de nuevo haciendo decisiones de muerte

Poema de Gioconda Belli titulado “Encrucijadas” en su libro ‘El pez rojo que nada en el pecho’.


Desde temprana edad
los dioses me destinaron
a las encrucijadas.
Así mi vida ha sido la constante bifurcación de los
caminos.

Escoge —me dicen— puedes tener esto o aquello.
Dejarás uno si quieres tener lo otro.
Y he tenido que escoger manzanas, serpientes
la inocencia, el conocimiento
la ternura o la madurez
el vientre o el corazón.

Duros han sido los jardines de los «senderos que se
bifurcan»

misteriosos y oscuros
y nunca he sabido si realmente la sabiduría
guio mis pasos.

No se ensayan en la vida las alternativas.

Creí que mis días de desgarramientos
no serían más que memorias
para encender el color de mi difícil felicidad.
Pero como otras veces
no calculé los designios
ni supe leer las entrañas del cordero de los sacrificios.

No entendí la carta que anunciaba el Carruaje,
ni acepté el significado de la carta
del amor.
Heme aquí otra vez
acumulando fuerzas para no equivocar
la puerta de los futuros posibles.
Heme aquí con la pregunta a cuestas
y las perspectivas del abismo.
Heme aquí de nuevo
haciendo decisiones de muerte.

Agora teño unha carnicería na consciencia

Yolanda Castaño en su ‘Libro da egoísta’


Agora teño unha carnicería na consciencia. Imos tragando devagar as horas máis difíciles, os fervores difíciles e pobres, unha única ilusión en bata e zapatillas. Un escenario pobre onde nos destoren a rabia. Cólleme da man, amor, e vamos esfolgar galiñas pobres sobre o noso leito. Coma o músculo que chora no país interior dos espellos. As palabras parvas, parapléxicas. Tómate outra vez, amor, a pastilla da felicidade, traga, amor, con azucre e moita fe a ver se fai efecto. Este frío infame e de anos que non cura. 

Para min non era isto. E sei que é duro abrazarme tan duro abrazarme. Os arrabaldes de odio manso que se nos mete debaixo das unllas. Cántas veces che dixen que hai verbos que non teñen imperativo e se non calas máis forte morrerei por berrar coas mans abertas que eu non me refería a nada disto. O perdón non era isto e ganchíllame cogumelos para metelos entre os ollos e ver se así non vemos o que se nos vai caendo por detrás. E así o pulmón que se nos abre por dentro pedindo algo coma tolo. Pero a escaleira grisada dende que todo te empezou cunha lúa de mentira e moitos nervios. Entón tamén a miña ansia. Agora é cando se achegan ó meu redor todos os indixentes coas caras pobres e tampouco sen imperativos. Pero daquela tamén a miña ansia. As miñas pernas reinantes que non coñecen perdón, esa falacia. E despois de todas as visitas, de todas as tazas con almanaque e poucas armas, agacharemos as pancartas de que o coñecemento é pura decepción pero polas noites non pegaremos os ollos por mor dese cantil tan despiadado. Ven, amor, a contemplarmos cómo nos merendamos os despoxos.