lo que me obsesiona del silencio

Lo que me obsesiona del silencio es que deja de existir al ser nombrado. Deseo un imposible: hablar sobre el silencio, mostrarlo, dar cuenta de que existe. El silencio casi nunca es absoluto, lo más parecido al silencio absoluto es ese que se vive en la madrugada. Hay una hora de la madrugada, creo, diría que sobre las cuatro, que el silencio roza su estado absoluto, eso sí: dentro de una habitación, con las ventanas cerradas, en una casa alejada de las grandes avenidas, sin bares en la puerta, sin vecinos ruidosos. Porque ahí fuera están los animalillos nocturnos, el viento que se levanta y agita las hojas de los árboles, las maderas que crujen, el agua del océano que sigue moviéndose sin remedio, rompiendo con mayor o menor estruendo contra la playa. Ahí fuera el silencio puede que no exista. Es decir, puede que el silencio no exista en el mundo. Y, pese a todo, existe la palabra silencio, hablamos del silencio, lo anhelamos, aunque luego no sepamos qué hacer con él. Cuando estamos próximas a él damos un volantazo y cogemos la primera salida en dirección a dónde sea. En internet hay personas que se empeñan en mostrar el silencio, pero yo sé que es mentira. El silencio, de existir, si acaso ha sido alguna vez o aún es posible, solo aparece cuando lo dejamos entrar sin buscar exponerlo.

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