confía en tu instinto, perra (un poema y una reflexión incómoda sobre las personas abusivas de nuestras vidas)

Un poema de Fariha Róisin en how to cure a ghost. Un poemario que me llamó like a flashing neon light bulb desde una de las estanterías de la Strand Book Sotre en el viaje que hicimos hace unos años a Nueva York. Y, después, una reflexión sobre abuso emocional.


Bad men keep bad men keep bad men cool

i thought bad men
hid in woods,
disguised in wolf costumes
bloodthirsty
strangers with candy
hollering like dogs
outside schools
slipping hands up
short dresses
watching asses
rumble as the shake
up stairs
using handycams to
capture a cheek
all bravado,
cum-stained car seats.
i thought bad men were
snators, politicians
trump and fox news
“reporters”,
anti-Semites, neo-Nazis,
punch him in the face,
richard spencer,
religious zealots, zionists
trans.misogynits, homophobes
mansplainers—
i heard egon shiele was abusive,
and l.frank baum and
h.p lovecraft hated
black people
and, oh, don’t even get me started on
“male novelists”.
heathcliff and rochester
both had rage issues—
the brontës knew.
i thought bad men
looked liked willem dafoe
or crispin glover
in charlie’es angels;
the dark-haired bad boys
who do backflips.
motorcycle jackets,
badlands killing sprees
across, and down
all manner of highways
gilded with angled noses,
flared nostrils
lips that would embrace
you, as if swallowing
you whole,
exterminating
your existence
through a kiss;
a dementor draped in flesh.
i didn’t think bad men
would mask themselves
as bad, or merely
present themselves
as good —until
it no longer served them.
pathetic until the end,
i didn’t think a bad man
would take away my virginity
with a throbbing blunt thud
never call,
or get me pregnant,
or tell me that i’m dramatic cunt
that all kinds of women
get abortions, “it’s not a big deal”.
bad men do what bad men did
for centuries
because that’s what bad men
like bad men do.
they walk away from the
dangerous swamps of indignation
they create,
the cuts, broken kneecaps,
the crazy mythologized,
the nurtured, gaslighting
slow death, the ugly
self-hate they wave
into bodies, they deem
weak. belonging to no one.
and oce you learn
what bad men do
you carry that uncertainity
along with
all your other baggage,
looking for a sign
like a flashing neon light bulb

this man is bad

and even then you only barely
begin to understand
even though you find
you almost always
knew: all along
goddamn:
just trust yout gut, bitch.


//

Sobre abuso emocional y personas abusivas:

Las personas abusivas no lo son con todo el mundo, o no de la misma manera, o no todo el tiempo. Y esa es la parte difícil del abuso, entender que esa persona que puede caernos bien, que pensamos que nos trata bien, puede ser a la vez una persona abusiva y estar cometiendo abusos más o menos visibles hacia otra persona. En lo que concierne a personas abusivas y abuso emocional: hay que aprender a ver más allá de las apariencias.

Hay personas que pueden tener un mal comportamiento, o hacer daño a otras en un momento dado, y luego están las personas que son abusivas en términos generales. Hay parejas abusivas, amigas abusivas, jefas abusivas, madres y padres abusivos, compañeros de trabajo abusivos. Todas pueden estar muy integradas en la sociedad, ser populares, incluso amables, atentas, serviciales; pueden decirse feministas, de izquierdas, incluso tener un discurso consistente en ese sentido; y tener a su lado a gente que las quiere.

Las personas abusivas leen a la gente, se presentan de un modo u otro según su interlocutor para, primero, ganar confianza y, después, comenzar el control y/o devaluación. Detectan inseguridades o puntos débiles que después tratan de activar de manera sutil. Buscan la atención de los demás. Seducen. Saben con quién sí y con quién no, y no siguen la misma estrategia con unas u otras personas.

En el ámbito de la pareja, acuden a menudo a personas empáticas y comprensivas, ya que se benefician de la tendencia de éstas a ponerse en el lugar del otro. Y pueden tener vínculos más o menos serios, y más o menos públicos, en función de lo que necesitan en cada momento. Por lo general, de primeras idealizan a la otra persona y le dedican grandes actos y palabras, para después enmarañarla poco a poco en una tela pegajosa de refuerzos positivos y negativos, de validación y devaluación.

Las personas abusivas buscan generar una reacción emocional en otras personas, positiva, pero especialmente negativa. Aprovechan la cercanía, y saben detectar lo que los demás piensan que está bien o está mal para camuflar el abuso, aprovechando la “lógica común”. “¿Cómo puedes pensar que yo sería capaz de hacer algo así?”. En lo que concierne a personas abusivas, probablemente estén haciendo precisamente aquello que piensas que nadie podría ser capaz de hacer, aprovechando esa creencia para hacerlo e intentar salir impunes.

Como en el cuento de Barba Azul, la persona abusiva sabe cómo hacer para que su barba parezca cada vez menos azul y ganarse la confianza de los demás y, en especial, de su víctima.

Hay abusos muy visibles, pero también hay otros que no se ven tanto, que solo los ve de manera clara la persona que sufre ese abuso, ya que entre la persona que abusa y la que es abusada existe una especie de lenguaje, de código (verbal y no verbal), por lo que existen comentarios, frases e incluso gestos o miradas que la gente podría no tomar como abusivas pero que sí lo son, y solo la persona abusada descifra.

Comentarios sobre la apariencia, decisiones, gustos, o forma de vida de otras personas que parecen banales pero en realidad esconden ataques o desprecio; bromas cargadas de malicia; críticas a virtudes o aspectos buenos de la vida de los demás que internamente envidian; menosprecios más o menos velados; desplantes; comparaciones; y todo lo que ocurre cuando nadie mira; pero también cuando la gente mira y se aprovecha la presencia de testigos para que el abuso pase desapercibido.

De hecho, la propia persona que sufre el abuso suele sentir una gran confusión, porque las personas abusivas actúan de manera errática: de primeras son amigables e incluso encantadoras, y después alternan: se portan bien/se portan mal, dan mucha atención/la retiran y desaparecen, sus palabras y actos no concuerdan; hacen comentarios que parecen inocentes o incluso positivos, pero que, por alguna razón que a menudo ni la persona que sufre el abuso detecta de primeras, generan daño. También provocan comparaciones e intentan dar celos con terceras personas.

Por lo general, al ser recriminadas por su comportamiento le quitan hierro al asunto, mienten, le atañen lo ocurrido a un malentendido, a una confusión o exceso de sensibilidad de la otra persona, o a que están pasando por un mal momento. Dan explicaciones diversas, pero no reconocen sus actos de manera fehaciente, ni reparan el daño.

Algunos perfiles de personas abusivas sí pueden llegar a pedir perdón o disculparse de manera vaga cuando sienten que van a perder el control, pero si son perdonadas vuelven a repetir los mismos patrones antes o después. Ya que raramente se comprometen con un proceso de revisión personal, en parte porque en el fondo no piensan que deban cambiar, y esa promesa de cambio es a menudo utilizada para mantener cerca a la víctima.

En caso de querer romper relación de manera definitiva, las personas abusivas, especialmente los perfiles más dañinos o perversos, no lo suelen poner fácil, sobre todo si sienten que ese vínculo es importante por algún motivo (que no tiene que ver con el amor), o les aporta algo valioso (estatus social, imagen de normalidad, dinero, sexo, oportunidades de algún tipo). En esos casos son insistentes para recuperar el vínculo con todo tipo de promesas y se adjudican el rol de víctima.

Es cierto que muchas personas abusivas viven con un gran sufrimiento interno que es real: tienen problemas de autoestima y envidia que apaciguan presentando una imagen estable e inflada de sí mismas y mermando a los demás. A menudo han vivido situaciones difíciles o incluso de abuso en la infancia o en la familia. Pero: el dolor de quien abusa nunca justifica el abuso.  

Por su parte, la persona que sufre el abuso a menudo no lo cuenta, o lo cuenta cuando ha pasado el tiempo, y al hacerlo puede que su relato parezca torpe o incongruente. Todo por una mezcla de confusión, miedo, rabia, vergüenza e impotencia; y por la propia naturaleza del abuso emocional, en el que a menudo no existen pruebas claras o tangibles del mismo.

Confusión inducida por los comportamientos erráticos de la persona abusiva —la persona que sufre abuso es la primera que tiene que romper con la disonancia cognitiva, con la idea que se había formado de esa persona, y entender lo que está viviendo—. Miedo a la persona abusiva y al juicio o incomprensión social —especialmente si la persona abusiva goza de reconocimiento social o forma parte del entorno cercano—.

Rabia hacia la persona abusiva y hacia una misma. Vergüenza por haber sufrido abuso y no haber sabido verlo a tiempo. Impotencia por no saber cómo salir de esa dinámica —además de confusión y disonancia cognitiva, las personas abusivas juegan con el amor o cariño que saben que se les profesa y generan con su comportamiento un tipo de enganche emocional que es difícil de romper—.

En las dinámicas de abuso asentadas, la persona que sufre abuso acaba, casi sin darse cuenta, doblegándose de uno u otro modo a las expectativas o deseos de la persona abusiva, llegando un momento en el que la persona abusiva no tiene por qué verbalizar lo que espera para recibirlo. (Algo tan sutil como que la persona abusiva dé a entender con su lenguaje corporal que está cansada ya de estar en un sitio, de modo que la otra persona ponga prisa por marcharse porque ya sabe que después puede estar enfadada, borde, o evitativa).

La persona que sufre el abuso acaba normalizando así actitudes y comportamientos manipuladores y abusivos, buscando explicaciones lógicas que soslayan la dura realidad; y se va haciendo pequeña al lado de la persona abusiva, adaptando, sin darse cuenta, sus decisiones, palabras y forma de estar en el mundo a los de la persona abusiva.

Sin embargo, una vez que la persona que sufre abuso detecta al fin lo que ocurre, entiende y comprende, y logra salir de la lógica de la persona abusiva, ya no hay marcha atrás. Cuando se ve el abuso, ya no se deja de ver nunca más. Cuando se acepta la naturaleza del abuso en toda su crudeza, asumiendo que estas personas existen, entendiendo cómo actúan, y aceptando y sanando la vergüenza inducida de “haber caído” en esa dinámica, ya no hay vuelta atrás.

Como en el cuento de Barba Azul, una vez que se abre la puerta de los horrores, y se asoma la cabeza dentro, la llave no dejará de sangrar, es decir, ya no se podrá olvidar lo que se ha visto y entendido. A partir de ese momento, el abuso dejará un rastro visible ante los ojos de la persona que ha salido de la dinámica de abuso. Esa es la luz y la salvación para quien ha padecido abuso emocional.

Entender que alguien a quien queremos puede ser una persona abusiva, que las personas que tienen comportamientos abusivos no los tienen todo el tiempo ni con todas las personas de la misma manera, y que el abuso emocional se da en gran medida de manera sutil y casi desapercibida, es clave para salir de la disonancia cognitiva (¿pero cómo va a ser de esa manera si conmigo/otras veces es de esta otra?), saber responder y, sobre todo, poder dar cobijo y entendimiento a quien sufre sin convertirnos, por inocencia o desconocimiento, en aliadas de las personas abusivas. 

Es un reto cotidiano, en nuestras comunidades, tanto eso como trabajar de manera colectiva en los procesos de reparación cuando sea posible. Entender los mecanismos de la manipulación y el abuso es importante asimismo para entender mucho de lo que ocurre a nivel político.

Pienso que estamos en un momento paradójico: tenemos más información y recorrido feminista que nunca pero, a la vez, las formas de la manipulación y el abuso han adquirido una forma que es a la vez sutil y grotesca. Todo puede ser a la vez verdad y mentira, y ese es el escenario ideal para las personas abusivas. 

Por eso: aprender a ver más allá de las apariencias. Y, como dice Fahira: just trust your gut, bitch (confía en tu instinto, perra), que siempre nos habla, de algún modo.

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