Estiro la mano hacia dentro para sacar los restos

«Preguntada sobre la intención de su escritura, en una entrevista hace ya unos años, Matilda Södergran (Finlandia, 1987), cita a Birgitta Trotzig: “El diálogo con lo insoportable, lo irresoluble, no debe interrumpirse”».

Ese es el comienzo del prólogo del libro Los Delirantes de Södergran, traducido del sueco por David Guijosa. A continuación, uno de sus poemas:


¿Fue porque maté una mariposa?
No respondes

Pero, ¿fue porque maté una mariposa
y tu cuerpo y todo lo demás tan frágil?

Algo temporal en las junturas del cuerpo,
pero que nunca más lo será.

Digo: teníamos algo,

y estiro la mano hacia adentro para sacar los restos.

Alguien echa alcohol sobre mi cuerpo y me ve brillar.
Alguien echa alcohol sobre mi cuerpo y me ve brillar.

Yo digo que fue por la carne velluda de la mariposa
y por tus manos y una lengua y una duda y aún así,
y me veo brillar en el alcohol. Veo

cómo te apagas en la boca del tragafuegos.

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